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sábado, 6 de noviembre de 2010

Desamor.

Después de haber querido me pregunto dónde fue a parar la ternura. El rostro singular que la gente veía de mi. Los ojos dilatados, la mirada fundida, las manos tibias, los dedos inquietos. El dibujo de mi letra sugerente, la belleza del otro transformada en palabra, la canción simbolizando el fragmento no escrito por miedo, represión o censura.

Los años de amor esfumados en una correspondencia imposible o una respuesta silenciada.
La monotonía de las cosas no dichas. La rutina del intento inaceptado.

Al final, queda la ausencia de una ilusión infundada.

Cada quien en su lugar a distancia... a pesar de verse la cara cada tanto.
Y la ternura más lejos. Tan lejos que ya ni recuerdo como era.


martes, 13 de julio de 2010

Después de tanto tiempo.

Diez años atrás caminaba por la costa del Río de la Plata, exactamente por la rambla Sur; ahí donde Javier Barrios Amorin cruza San Salvador y muere en la costanera. Era invierno. El oleaje como suele hacer durante los inviernos motevideano golpeaba sobre el cemento su furia indomable.

Bravo como ninguno, majestuoso y gris, el Río como Mar -que ni es río ni es mar- hizo las veces -cómo otras tantas veces- de padre consolador, de madre comprensiva y confidente hermano mayor.

Con la mirada perdida en busca de una orilla que nunca llega a verse, arrodillada como en el más sagrado de los altares confesé mi secreto: dejaría atrás las navidades de verano, el olor a las tortas fritas cuando llueve, al chimichurri recién hecho sobre el medio tanque, el sonido de los tambores cruzando cada domingo Isla de Flores, el vino tinto en caja y los ravioles caseros de mi madre cada vez que la visitaba.

Ni la crisis económica, ni el exilio político,  ni la mediocridad social que no aceptaba a raja tabla mi escencia  fueron razones valederas para hacer tal confesión. La única excusa posible fue el amor.
Un amor que había llegado de sorpresa para enseñarme que el mundo ni era ancho ni era ajeno. Y que detrás de los límites, las aduanas, las fronteras, existían nuevas lecciones que aprender.

Por casualidad o por designio divino yo había nacido en un país sin nombre propio. Una República situada en el lado oriental de un río de cuyo nombre se apropió: Uruguay. O Río de los pájaros pintados, como nos gusta llamarle a quienes estamos deseosos de reivindicar nuestra raíz indígena.

Crecí en una población llamada "los que bajaron del barco", hijos de emigrantes italianos y españoles. La historia que me contaron fue de exterminio y de aniquilación. Tuve que llegar a leer los libros de Galeano y de Vidart para aprender que antes de los españoles mi tierra tenía historia, raíces que se prendieron a nosotros los nietos y tataranietos en un mestizaje espiritual más que biológico.

Deseosa de aprehender el mundo de quien fuera en aquel entonces la elegida como compañera de vida,  tomé un avión y dejé impresa en mi memoria la última imágen de mi país: una vista área de azul celeste con muchos puntitos verdes. Y atrás el Río como Mar guardando mis secretos y mi promesa: "con vida o sin vida volveré a vos pero mientras te dejo lejos porque si te llevo me muero antes de llegar".

En más de una oportunidad en estos diez años por asuntos de sobrevivencia emocional tuve que acallar el recuerdo de esa caminata invernal llena de confesiones a mi río. Tuve que adoptar otro lenguaje, otras palabras, otros acentos, levantar otras banderas, dejar de tomar mate aún en mi propia casa porque el mate se comparte no se toma a solas.

Y conocí de la pasión y nacionalismo mexicano y me contagié de las cosas lindas de ese segundo hogar que generosamente se me otorgó.

Amé cada instancia vivida en la nueva tierra -aún las que cómo sudaméricana sufrí- y admiré por sobre todas las cosas el nacionalismo exagerado  de  un pueblo que me mostraba  con orgullo  su identidad indígena a pesar de la aculturización. En el fondo quería ser como ellos. Conocer el patriotismo absurdo.

Como uruguaya la identidad se me hacía ajena. Eramos el calco de una europa peninsular italo-española. Misma cultura, mismo apellido, misma sangre, mismo idioma, mismas costumbres, misma comida, misma educación.

En mi casa,  las postales y fotografías de indígenas latinoamericanos abundaban por todas partes. Recuerdo en mi viaje a Chile antes de convertirme en emigrante mi admiración por el pueblo  mapuche y huiliche.  Y mi envidia por no tener de índigena  más que una garra emocional.
 En verdad creo mi necesidad de no ser una fiel copia de mi ancestros le ganaba a la realidad.

Después de diez años de adormecer una gran parte de mí y de cuarenta y pico de años de buscar un sentimiento de orgullo nacional me siento frente a un televisor.

Miro un partido de fútbol, grito un gol con toda el alma, me pongo de pie a cantar el Himno uruguayo, con los pocos dólares que me queda me compro una camiseta celeste,  saco mi matera de cuero con la inscripción "Mi charruíta linda" comprada en la 18 de julio -que hoy se me hace tan angosta- por aquella excusa de amor que me impulsó a conocer un poco más del mundo.

Tomo el metro, me cebo un mate, no me importa que me miren, que parezca un bicho raro.  Cocino mis propias empanadas, mis choripanes, contagio a mi roommate colombiano de la emoción del encuentro con mis cosas, escribo hasta el hartazgo en las redes sociales sobre la pasión y el fervor que me brota.

Me olvido del resto, de los mexicanos, de los centroamericanos, de los españoles, de los brasileños, me olvido del orgullo de los otros  y lloro como un niño que se ha perdido de la mano de su madre y al fin la ha encontrado.

martes, 15 de junio de 2010

Apuntes en un diario.

Extraño el tiempo donde volar era la consigna. Los veranos eran de playas, las noches de estrellas en el cielo. El campo olía a verde y las manzanas tenían sabor a manzanas. Los sueños desfilaban por la plaza, todo tenía nombre a mañana y la eternidad era cierta.

Amaba a quien me amaba y los amigos siempre tenían tiempo para vivir la amistad.
El país era uno y el enemigo era el mismo de todos.

Extraño el calendario donde el 1 de Mayo era 1 de Mayo, Día de los Trabajadores y los domingos eran de fútbol en la canchita del barrio. La tardecita tenía cara de sol poniendose en el horizonte allá donde el río se juntaba con el cielo. La noche se impregnaba de poesía en los boliches que de uno en uno recorríamos. Las servilletas simulaban cuadernos donde escribir nuesta historia.

Las computadoras no existían como no existía esta enfermedad de vivir en la casa del enemigo. En la contradicción de amar a quien no nos ama y de agendar un mes  antes la visita de un amigo.

Hoy la libertad es una cárcel con paredes de vidrio. El mundo pasa a lo lejos. La gente sube y baja de los aviones, despega, aterriza, se va, regresa. Tengo la sensación de que golpeo una puerta que nunca se abre pero escucho una voz diciendo:  "No hay nadie". Y de rabia contesto: "Suerte que nunca vine".

viernes, 16 de abril de 2010

reflexión de una simple bloguera

He perdido el anonimato. Ahora tengo rostro, nombre, facebook, twitter,  y hasta un número telefónico publicado en la red. 

Hasta el momento en que decidí presentar mis credenciales sólo era un "nick-name" desnudando íntimidades en un blog. Entonces ser anónima daba cierta libertad. Podía sentarme frente al teclado y diseminar por el ciber espacio cualquier historia mía o de los otros con decenas de faltas de ortografía. Contar detalladamente una simple idea o frustrado deseo. Inventar el juego de la vida que deseaba vivir o armar el rompecabeza de lo ya vivido.

De ese modo los desconocidos conocían de mí más que la persona que dormía en un cuarto contiguo al mío. Fuí respetada, acompañada, criticada, y querida. La soledad del emigrante que daría lo que no tiene por trasmutar aunque más no fuera en un sueño, se vió compartida. Dejó de ser un peso, una agonía. Mi gran historia de amor-desamor se convirtió en una novela, y escribir fue mi terapia.

A miles de millas de distancia, la red acortó el silencio de lo mío. Mi tierra, mi gente, mi cultura. Mis ríos, mis campos, mis playas. Acercó lo viejo a lo nuevo. Así llegaron ciber-amigos, ciber-colegas, ciber-compañeros de una misma ruta. Blogueros del alma.

Mucha agua ha pasado bajo el puente. Muchas idas y venidas. Mucha historia. Mucha gente.

Lo cierto es que soy una persona solitaria -a pesar de ese mar de fotografías que han dejado una imagen de fiestera pata de perro callejera la mar de divertida- cuyo mejor amigo es un gato, con un carácter peculiar, que ha sido amada hasta más no poder y que ha preferido la soledad antes que el matrimonio, hijos adoptados, perro, casa, documento, west side, viajes a Europa, anillo de compromiso, cuenta bancaria, auto del año, camioneta familiar y canciones de Luis Miguel.

En verdad este no es un post  aniversario ni  despedida. En verdad  me he sentado aquí para compartir esta sensación de haber perdido un poco más de la escasa libertad que me quedaba.
Ya no puedo escribir poemas de amor a quien amo y no me ama.
Ya no puedo contar las más descabellada de mis historia .
Ni decir por ejemplo, que ayer me desperté cuatro veces en medio de la madrugada con la angustia anudando mi garganta. Con el deseo de irme sin saber bien a donde. Quizá al anonimato de la red. Ahí donde mostrarte quien soy sin que me veas el rostro.

domingo, 21 de febrero de 2010

de la casualidad también se nace


Mis padres montaron una gran obra de teatro sin saber escribir: me concibieron. En el accidente o en lo inesperado fuí creada como una idea, como una gran obra de arte. Fueron deslumbrado por este guión que no pudieron corregir, porque ellos mismo, no habían sido preparados para el gran oficio de ser autores.
Y así, cargados con tanta belleza, con tanta palabra hecha niña en sus manos tuvieron que optar por el silencio y la distancia. No hubo de por medio explicaciones ni psicoanálisis. Ni siquiera libros de ayuda para entender cómo serían las consecuencias.

Luego me tomaron otros creyendo que mejorarían el desarrollo y el final de la historia. Pero a veces surgen imprevistos como la muerte. Esa mala mujer que entra sin pedir permiso y se lo roba todo. Y entre la muerte y la enfermedad de la tristeza, yo, - la gran obra- quedé por segunda vez abandonada.

Pasaron los años, todo tenía olor a dejarme. Los amigos, la carrera, el trabajo, la mujer y hasta el gato que se pierde en su independencia.
Pero hay un talento por vivir que se trae en la sangre. Y un deseo inmenso de ser una versión mejorada de aquella idea concebida y criada en la ignorancia.

viernes, 5 de febrero de 2010

infertilidad

Siento un nuevo dolor. El dolor de no ser leída.
En este caso es como sentir la negación de lo que soy. De mi única riqueza. Nada me quedaba. Ni casa, ni pareja, ni dinero, ni empleo, ni diploma, ni herencia, ni seguro social, ni documentos y casi creo, ni memoria.
El único bien no alcanza.
Es como sentirse infértil. Tener ovarios, útero y juventud ser incapáz de dar a luz.
Es como una pasa de uva, arrugadita, chiquita, oscura. Cierto es, que las pasas de uvas para muchas bocas son sabrosas. Pero cuando esperas, sueñas, deseas, que una sola de las bocas delire con tu creación y no puede siquiera tomarla con sus manos y sentir el perfume de la fruta ahí, te secas.
No sabía que era eso. Hoy lo sé.
Seguramente es tan solo una experiencia del camino.
Un aprendizaje más.
Pero hoy la inspiración ha capitulado.
Me he transformado en el poeta de las letras no leídas.
En el monarca sin trono y sin corona.
En la resequedad de una tierra inhóspita.

jueves, 4 de febrero de 2010

no ser

En algunos momentos desearía ser otra. Con otra cabeza y otro corazón. Un poco más ágil para escapar a la luz de las emociones, tener los reflejos precisos para envolverme sobre mí misma y ahuyentar los demonios que me autodevoran.

Saber huír antes de tiempo y esquivar los embates de eso que no se ve pero se siente. Dejar de pasar la noche en vela soñando lo que jamás sucederá. Olvidar el abecedario para no escribir más palabras que alejen lo que más se desea atraer. Terminar con esa curiosidad de sentir lo indebido.

Cerrar los ojos del alma, dejar de ver lo que en realidad no existe. Cerrar los oídos, desviarse de lo que el corazón siente. Seguir de largo, mudarse de ciudad, dejarlo todo, irse. Como los blancos claveles sobre el mar, como el reloj sumergido en una caja de zapatos, como el pasado enterrado en una veladora iluminando la oscuridad de la playa en invierno.

En algunos momentos quisiera ser otra con otros sentimientos u otro cuerpo.

sábado, 23 de enero de 2010

confesión II

Tengo la capacidad de atraer y alejar tan solo con escribir un par de oraciones. Cuando escribo, lo que sea, poco pienso. No soy una profesional de las letras. Tampoco una periodista consumada. Ni siquiera soy periodista. No me defino más de lo que soy. Una diabólica maravilla natural que le gustan dos cosas: leer y escribir. Las dos cosas que me han permitido más que sobrevivir, resistir.

Jamás me ha interesado agradar o desagradar. Tampoco tener seguidores. Poco me ha importado caer bien o mal, generar empatía o discordia. Solo he sido. Y escribir es el único camino donde asegurar mi esencia. Con faltas de ortografía y sin ellas, con errores gramaticales y con aciertos de ideas, las letras son mis más fieles compañeras.

Del otro lado por casualidad o por esfuerzo alguien lee. Se siente acompañado, atacado, aceptado, incluído, menospreciado, herido, amado. Después viene la ignorancia, el olvido o la aceptación y la glorificación. Cualquier sentimiento es pasajero. Si ha de quedar alguna huella el diablo o dios se apiaden de mí. La intención no ha sido más que un mero egoísmo de sentirme menos sola y apalear la vida.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Cerrá y vamos...

Siempre le he tenido miedo al abandono y a la muerte de los otros. A la ruptura, a la partida.. A los cierre de ciclos, a los adioses. A la huída propia u ajena. A los finales de año.
Sé que inevitablemente hasta de mi misma he de despedirme un día. Sin embargo me cuesta aceptarlo. Es tonto, lo sé. Pero en cuestiones emocionales la inteligencia no me visita a menudo.

Hoy es el último día del 2009. Un año más que pasa de vida, de mi vida y de la vida del mundo. Los periódicos publicaran los acontecimientos más relevante sucedidos en estos trecientos sesenta y cinco días. Las postales cibernéticas darán la vuelta por mis cinco correos electrónicos. Los mensajes de buen augurio, de éxitos, de mejor año llenaran mi casilla de mensajes en Facebook y My Space. En casa, mis roommates y yo brindaremos antes de que cada uno parta a su destino de festejo personal.

Para el mediodía de hoy ya habré decidido dónde pasar la medianoche y más de uno quedará sentido por mis decisiones. Algunos amigos comerán doce uvas, sacaran sus maletas, pedirán doce deseos.

En el Sur (mi Sur) el olor de jazmine invadirá las casas de patios abiertos. Mis amigos irán a la playa, festejaran con amigos de amigos. Comerán lechón, cordero, ensalada rusa. Algunos me recordarán. En Montevideo a esta hora, el Mercado del Puerto estará aborratado de gente entre guitarras, asados y medio y medio de Roldós. Los calendarios 2009, volarán por los aires de la Ciudad Vieja. En la escollera bramará una furia de espuma y los barcos permanecerán silenciosos.

En el norte, cada loco con su tema. Depende de las tradiciones y las necesidades. Millones de personas añoraran estar en su tierra con su gente, otros se abrazaran a su familia de amigos, la que han construido a base de años y experiencias. Algunos se irán de viaje solos, otros se emborracharán en las barras de los bares.

Entre el recuerdo de lo vivido y el delinear del porvenir, habrá que decir adiós y dar una bienvenida.
Ritos pequeños simbolizando pasos grandiosos.

Decir adiós a un amor y dejar la puerta abierta para "quizá", "tal vez", "con suerte" otro amor llegue.
Despedir viejos hábitos y visualizar un poco de salud.
Ahuyentar fantamas, romper cadenas, liberarse de uno mismo, enfrentar miedos.
Borrar mensajes, bloquear correos, conocer nuevos amigos, cortarse el pelo.
Deshacer, destruir, tirar a la basura, alivianar la mochila. Decir adiós.
Abrir el corazón, ventilar el alma, escribir el deseo, vivirlo. Darle la mano a la sopresa.

Del año nuevo no quiero más de lo que es: un año para aplicar lo aprendido en el anterior.



Adiós 2009, te me llevas muchos pedazos de mí y me dejas más fuerte que antes.

martes, 29 de diciembre de 2009

Reflexiones de finales de año.


Escribo esta nota mientras escucho a Charly García en "Filosofía barata y zapatos de goma". ¿Qué tiene de relevante este dato? Mucho. Al menos para mí. La música lo he dicho mil veces, es mi refugio así como las películas son mi evasión. Charly (a mi modesto punto de ver las cosas) además de ser el mejor músico y compositor de rock latinoamericano) es el más auténtico de todos. Y la autenticidad tiene un precio muy alto a pagar.

Ser auténtico en las palabras y en las acciones es la misión más noble que se puede emprender en esta vida. Sin embargo, el mundo en general no lo perdona. La autenticidad aterra. Y a la vez atrae. Pero a la hora de tomar partido lo "políticamente correcto" (frase decorosa) gana a lo que en realidad se piensa, se siente, se desea. Después de todo ya bastante dificil nos la ponen delante como para que además nos jodamos la vida diciendo lo que realmente sentimos, deseamos, queremos.

Yo vengo de un lugar donde la gente por lo general dice las cosas como las ve o como las piensa sin importarle mucho la forma o lo que genere alrededor. No importa si dos o tres "verdades" asesinan la ilusión de otro. Antes que nada uno dice las cosas como cree son. Y con la verdad o sin la verdad en la mano, uno intenta hacer lo que siente a como dé lugar.

No me gustan las mentiras para ser feliz. Sin embargo vivo rodeada de ellas. Mentiras decorosas, políticas, correctas, bellas mentiras que generan altas divisas. Sea en dinero o en emociones. Sea en comodidad o en imagen. Todos culpamos la fantasía y todos vivimos de ella. Y de la fantasía a la hipocresía hay un mínimo paso de distancia.

Cuán dificil es ser auténtico y expresar lo que realmente vivimos, sentimos, pensamos.
Seguramente si lo hicieramos el mundo nos devoraría. El mismo mundo que nosotros creamos. Dicen que el alumno supera al maestro, yo digo que la obra supera al autor. Este mundo de hipocresía legal lo construimos nosotros día a día. Y nuestra propia creación nos va comiendo.

Pero en estas fechas (como lo escribí por ahí en algún comentario) todos somos un poco más buenos, más solidarios, más justos, más amorosos. Parece ser que una semana de bondad, justicia y amor inclinara la balanza hacia lo que debería ser y no es el resto del año. Esa mentira a muchos les hace feliz. Me atrevería a pensar, al 90% del mundo. Aunque no soy buena para las estadísticas y tampoco me preocupo de ellas.

"Filosofía barata y zapatos de goma" quizá durante todo el año es lo que tenga para darles. Pero aseguro que doy y daré lo más auténtico que tengo. Aunque no puedo negar que el norte me ha domésticado en su pose de ser hipocritamente correcta (perdón debí decir "politicamente").

Dicen, "a la tierra que fueres haz lo que vieres".

( recomiendo escuchar la canción: "Filosofía barata y zapatos de goma" de Charly García)

viernes, 25 de diciembre de 2009

din don dan II

No, pues, si yo lo tengo claro.
Tengo claro que el mundo espera una postal de mamá, papá y los niños delante de un gran árbol de Navidad. O en su defecto, un video de dos mamás con las dos niñas adoptadas en Moscú luciendo esos clásicos gorritos rojiblanco de Noel.

Es entendible. Al mundo, tu mundo le gusta ver esa bella idea del amor familiar que le han pintado desde los tiempos de Cristo. Ni modo que desee ver un hombre enfermo y solo tirado en la calle o un jornalero pidiendo trabajo en la puerta de una Iglesia con una gran leyenda de ¡Feliz Navidad!.
No, si la televisión y las revistas se han encargado muy bien de vender las ideas biblicas.
Todo es luz, brillo y paz. Unión y mucha comida para aminorar la culpa por la falta de ella en millones de manos humanas.

¿El resto?
El resto del año se vive en el infierno. Pero en Navidad todo es perfecto.
Blanco y puro, inmaculado como la nieve sobre las rocas desnudas de verano.
Dentro los leños ardiendo junto con la memoria de los buenos tiempos. Aquellos que se quedaron tan lejos como las postales que mi prima envíaba desde Madrid en los 70.
La gente y sus regalos, los padres con sus hijos, los abuelos con sus nietos, los amigos con su familia inventada, los maricones con los travestis hinchados de wisky y ron mientras los sin-familia, sin-hogar, sin-amigos, sin-comida se esconden y se abrazan a sí mismo en la soledad de alguna casa rodante o misión del gobierno.

Es entendible, el mundo no desea ver una postal de la vida. El mundo espera el "instante Kodak" que le han inventado para dos de los trecientos sesenta y cinco días del año.

La cristiandad ha sido el cuento como mayor divisas ganadas en el mercado de la literatura fantástica. ¡Y cómo le alegra la vida el mundo!
Al resto, a los que no jugamos el juego, nos llaman amargados.

martes, 22 de diciembre de 2009

religiosa sin religión

Soy uno de esos seres diabólicos que se ha revelado a la santa madre iglesia y sin embargo usa una cruz en el pecho. Soy de las que entrelaza a Eros con la imagen de una Virgen. De las que fantasea masturbar a una mujer con una cruz. De las pecadoras a rigor. Y de las que no calla sus pecados.
Quizá por eso he sido condenada, marginada. No es fácil aceptar la honestidad de quien no esconde nada, ni siquiera su enfrentamiento a Dios.
Aún así, me considero la más religiosa de las mortales. Para mi, el arte y la belleza son religión. Y la religión no escapa al arte. Por lo cual soy devota de los dos.
Amo la madona escondida en el corazón de las mujeres, y la sensualidad oculta de las vírgenes en los murales de las iglesias. Amo el ritual del rezo sobre un cuerpo desnudo, la poesía de la Biblia sobre un pubis angelical, el rosario en las manos desnudas de quien teme y a su vez enfrenta los ojos de Dios.
Pero no puedo amar la hipocresía ni la esclavitud.
Y entonces cuando me preguntan digo no tengo religión.

Sé que mis palabras generan miedo y a la vez curiosidad. A la historia le sobran testimonios de dónde terminan los blafemos.
Y aún así debo contar lo que pienso, por si las dudas alguien piensa retorcidamente como yo.

Correspondencia.

Me desvelo en cada letra que te escribo pero sin tus letras nada tendría sentido.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Tristeza de amor.



Por ser en ocasiones un reflejo de mis estados de ánimo, la música es mi refugio. En cambio las letras cuando -son mías- suelen ser tan dolorosas que prefiero hecharlas a volar y no dejarlas conmigo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

en cuerpo ajeno

Quisiera ser un genio. Un genio como Rilke o Hesse. O ser simplemente un cerdo. Un cerdo como Miller del cual las sensitivas escritoras se enamoraran.
Quisiera ser un guitarrista flamenco de pelo largo y dedos largos. Un espíritu idolatrado por las féminas de herencia andaluza.
Pero soy una mujer.
Me parta en mil pedazos con más de macho que de hembra, soy biológicamente una mujer.
No uso el pelo corto cortado a la garzón. Ni pantalones masculinos. No sé nada de mecánica ni de autos, ni siquiera manejo. No juego al fútbol y tengo un par de tetas que ni en sueño quisiera operar. Para el arzobispo o párroco de la basílica soy un engendro. Para la virgen un mural. Para la señora del cantinero un vaso a llenar de alcohol, para la chica exploradora un enigma. Para la periodista un artículo por escribir. Para la hembra curiosa, un terreno a explorar. Para la poeta una inspiración. Para el pichón de escritor, una razón de cuento. Para la mujer, una incognita...ni hembra ni varón.
Es el miedo de los otros.
El propio miedo de ellos mismos.
Yo no tengo miedo.
He nacido sola.
He vivido sola.
He de morir sola en un cuerpo ajeno.

jueves, 10 de diciembre de 2009

La casa de Dios.

En México era como vivir cerca del cielo.
Habían dos fronteras, una para entrar al paraíso, y la otra para resguardarse del infierno.

La primera quedaba rumbo al norte cruzando el Río Bravo.
La segunda pasando Chiapas hacia el sur.
Ahora que crucé el purgatorio y estoy lejos de Sudamérica, me doy cuenta que a Dios se le olvidó avisar su cambio de domicilio.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

sábado, 14 de noviembre de 2009

me pregunto cuando

Hay dolores tan hondos que parecieran no salirse jamás del alma. Quisiera encontrar el arma que provocara su muerte pero a veces creo solo mi muerte podrá terminar con él.
Y aún así, a veces tengo dudas.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Mea culpa.

Me he dado. Me he desintegrado hasta meterme en los huesos del otro.
He lastimado. He provocado lágrimas, he desilucionado, he destruido.
Solo he escrito.

No existe persona más egoísta y más generosa al mismo tiempo que un escritor.
En cada oración se va un pedazo de su vida y a la vez, sin escatimar sentimientos ajenos, arremete llevando consigo la privacidad de otros. No se necesita dar nombres ni escribir dedicatorias. Las palabras lo dicen siempre todo. Lo dejan todo al desnudo. No se puede escribir teniendole miedo a las palabras. Solo desnudandonos en cada frase se dice algo con sentido.
El escritor se entrega y entrega a los suyos. He ahí la crueldad de la letra escrita.

lunes, 9 de noviembre de 2009

puntos de vistas

Siempre he creido que existen tantas definiciones de amor como personas en el mundo.
De lo contrario ya no creería en su existencia.

Ayer me han preguntado si creo en la posibilidad de amar al mismo tiempo a dos personas. Estabamos hablando de amor romántico.
Mi respuesta no tuvo concordancia alguna con mi interlocutor.

Me fuí pensando en que jamás nos pondremos de acuerdo y sin embargo el amor seguirá existiendo.