Pasaron dos meses y llegó octubre. Recuerdo muy bien que era octubre.
Todo sucedió en el Festival de Rock de Montevideo, fuimos juntas a escuchar a Fito y a Faby Cantilo: “Giro” y un estado de coma. La “maruja” de rigor y la “maría” de primera,entre medio el sexo.
El portavoz de un esperma joven que rompería el encanto de nuestra historia de amor se llamaba Gabriel y tenía 17 años.
Silvia se dejó llevar por sus dudas, su necesidad de averiguar si aún seguía siendo hetero o ya se había recibido de lesbiana. Algo así como probarse a sí misma si continuaba siendo normal o había dejado de serlo.
Yo, ignorante de la situación (por lo general uno termina siendo el último en enterarse de las noticias de tal calibre) terminé tomando cerveza en un bar con Gabriel el cual me parecía simpático, abierto y amante del rock and roll.
Además de tener suficiente dinero para regalar la coca más rica que habría probado en toda mi existencia, Gabriel, tenía carisma para fingir. Fue así que durante dos meses, Silvia, Gabriel y yo fuimos amigos de juergas. El respetaba nuestra relación, ella se comportaba como mi pareja y yo ignoraba que hacía dos meses atrás los chicos habían jugado su propio juego sin invitarme a jugar.
La Teta y la luna. (Cataluña)
Hace 16 años

