miércoles, 20 de enero de 2010

Cataratas del Iguazú, Paraguay (o el sexo bendito de mi América Latina)



Luego de diez años en dictadura militar, no estaba en mis planes cruzar el río para seguir asediada por estatuas a un general. Pero aquella opción de viajar a tierras guaraníes no se podía descartar así como así.
Paraguay tendría otras cosas aparte de milicos y evangelistas.





Por aquel entonces andaba intentando cambiar mi destino. Ser lesbiana en un pueblo chico no era tarea fácil, menos en aquellos tiempos de silencio obligado. Así que entre bofetadas familiares, habladurías de pueblo, sanciones de colegio católico y abandono de amigas "derechas" dejé el río y me instalé frente al estuario.
Montevideo se me antojaba Europa; pero en asuntos de orientación e identidad sexual, resultó ser más una aldea social que una ciudad de vanguardia.

Ante aquella desilusión capitalina y en medio de una adolescencia acallada por las autoridades y la mojigatería pueblerina, incursioné en la búsqueda de la verdad que me haría libre: Cristo Jesús ¡La Respuesta!

Y no es que la religión cristiana fuese mi objetivo de vida. Supongo que si Charles Manson hubiese llegado hasta mí con una descripción de felicidad tan perfecta, hubiese sido también su fiel y comprometida seguidora.

Allí me encontraba yo por los setenta y pico, intentando ser aceptada como ser "normal" cuando me ofrecen un viaje misionero. Nadie sabía de mi lucha por dejar de ser homoerectuslesbian, es decir una torta activa con todas las letras. Ni de mis oraciones nocturna para que el espíritu santo me quitara el demonio hormonal que me provocaba la hija del pastor. En esa escenografía personal e ítnima llegó la noticia que me condenaría por siempre a las llamas del infierno:

"Victoria y Maribel, han sido elegidas para viajar juntas en la misión de jóvenes cristiano de nuestra Iglesia rumbo Asunción del Paraguay" -dijo el patriarca de la Iglesia.

Confieso, el viaje me pareció una tentación demoníaca. La manzanita que tentaría mi diente.
Pararon los días, he instalada en medio de gringos rubios con dinero y cruces en la solapa, escuché la voz apagada de un pueblo que llevaba tristeza en los ojos. Por alguna razón, los ojos de los indígenas se me hacían tristes. Más tristes que en las postales de UNICEF. Las cuales siempre me habían parecido tristes.

Aquella tierra colorada no tenía nada de atractivo a mis ojos. Salvo la gente, la pobreza magistral, los piojos, el guaraní como lengua oficial, los indios en la reserva luciendo Levi, salvo eso y las residencias de los millonarios dictadores, nada me decía aquella geografía de humedad y mosquitos.

A casi un mes de vivir en Asunción, lejos estaba yo de saber que Paraguay, había sido en un tiempo nuestra primer potencia americana. Galeano ya había publicado "Las venas abiertas de América Latina" y se encontraba exiliado. Mi generación no tenía acceso a saber la verdadera historia. Esa que en ni en la escuela ni en nuestra casa nos podían contar. Las maestras desaparecían, los escritores desaparecían, los periódicos desaparecían. La historia se aplastaba con botas y metralletas. Y a Dios se le había escapado el detalle de nombrar a Paraguay en la Biblia.




Pero la intuición me decía que Paraguay tenía algo más para mí.
Todo sucedió en un viaje a Cataratas de Iguazú. El plan era esparcimiento del grupo. Distracción. Convivio.
Y los nuevos aires cargados de húmedad tropical y verde paradisíaco me permitieron descrubrir dos cosas:

1. El cuerpo de Maribel semidesnudo. Una cama grande. Una noche de fiebre hormonal adolescente, un calor desconocido en Montevideo. Y la condena eterna al infierno. Un cuerpo
indebidamente acomodado sobre otro cuerpo. El descubrimiento de lo prohibido. La hija del pastor y yo.

2. Las Cataratas del Iguazú. El único espacio son bustos al General Stroessner, sin milicos, sin metralletas. La garganta del Diablo convirtiendo un hilito de agua en un grito desesperado de libertad, la bandera natural de un arco iris dibujado sobre la caída de millones y millones y millones de gotitas que juntas abrazaban la vida. Una imágen convertida en otra, un paisaje prohibido; una geografía semejante al sexo caliente de una hembra en celo, la húmeda vagina de mi América Latina.

Allí, decidí quedarme para siempre.


3 comentarios:

Crazygirl dijo...

Siempre me quedo con la duda....q paso???
Muy bueno este post, Vico!!

Leo dijo...

pues las cataratas no tienen monumento a stroessner, pues la mayoria se encuentran en argentina y el reto en brasil.
Si mal no concateno los hechos, por esa epoca se estaba construyendo Itaipu, la represa mas grande del mundo que si queda en Paraguay.
La triple frontera es muy contradictoria y si tienes razon en una cosa, los pies descalzos de los ninios que viven en misiones y los ojos de ellos llorando por un centavo de dolar como nos paso a nosotros, no solo que te parte el alma, sino que te la sigue partiendo por mucho tiempo mas, saber que el latinoamerica existe ese tipo de pobreza. Pues una cosa es que te lo cuenten y otra es verlo.
Parece que el paraiso es un lugar terrenal, donde Dios no se acordo de aparecer, por mas que durante 200 anios intentaron convertir una cultura tan legitima como la europea, pero evientemente con menos recursos.
La vida se abre paso como el Iguazu, y es uno de los espectaculos mas hermosos que he visto en mi vida, lleno de contradicciones.

Vico dijo...

Crazy, pues...la duda seguirá. Gracias por leerlo Crazygirl.

Leo, lindo comentario el tuyo. Solamente quien haya estado ahí puede escribir un comentario como el tuyo. Paraguay es una herida abierta en América del Sur. Ese país me dolió mucho. Más después de leer "Las venas abiertas de América Latina".

Saludos,