lunes, 15 de febrero de 2010

Aquellos veranos de antes.



Era verano. A medianoche no se podía hacer otra cosa que caminar por la arena. Ahí, justo donde la espuma del mar lame la tierra. De lejos se escuchaban las melodías de un blues y el olor a marihuana se metía por los poros de nuestra piel bronceada. Todos estabamos borrachos. Borrachos de sal, de luna y de vino. Borrachos de estrellas. Esas que s´lo se encuentran en los cielos del sur.

Todos eramos amigos. Aunque nos hubiesemos visto por primera vez dos horas antes de ser amigos. La amistad era eso. Hacer auto stop en una ruta rumbo al oceáno, contarnos cosas y despedirnos. No sin antes aprender una nueva canción, encender una chalita o estimularnos con alcohol.

Las despedidas podían ser apresuradas o lentas pero siempre tenían una dirección donde escribirse cartas. O un regalito del momento, por ejemplo como aquel sueter verde que Paolo (estudiante de agronomía de Curitiba con delirios de viajar a Australia) me dejó en el andén de la estación de trenes 25 de agosto. O el beso en los labios de Marilia, (estudiante de cinematografía en Bélgica, nacida en Porto Alegre) que dijo esperarme en Florianópolis con un té de hongos y una canción de Janis. Siempre, en esos casos era verano y había playa. Tanto podía ser sobre el Oceáno Atlántico como en la del Río de la Plata. Pero siempre todo era inmensamente azul, blanco y amarillo.

Era un territorio nuestro, un territorio libre. Lleno de sueños y lejanas tierras que algún día, cuando tuviesemos dinero viajaríamos. A veces alguien tocaba la guitarra y siempre contabamos cuentos. Todo se pasaba de boca en boca, desde el porrito pasando por el mate hasta el cuello de alguna botella. Y entre medio los labios de alguna mujer, que ebria entre susurro decía "...no me gustan las mujeres pero con vos quiero probar..." .

Aquellos veranos eran eternos. Eran veranos de tres meses, de tienda de campaña agujereada y arroz con arvejas. Sin dinero para los bailes pero con fogones de música que las discos de moda no pasaban. Los blues de aquellos que jamás llegaríamos a ver cantar en vivo. Porque al lejano sur era dificil que un gringo famoso lo visitara o que un negro de L.A. supiera tanto del mapa. Y California era una utopía.

Aquella vez en qué caí en la trampa del diablo también era verano.
Dejamos el campamento con los demás dentro; Ro, su novia y yo habíamos ido a esperar los ovnis que bajarían en las barrancas del cementerio del indio. Según Ro los extraterrestres se habían comunicado con ella y nos esperarían allí a la madrugada. A esa altura ya habíamos olvidado el agrio sabor de los hongos.

Caminabamos sin más luz que una linterna a la cual en el justo momento en que empezamos a ver destellos en el cielo, se le terminaron las pilas. Ro, lejos de creer en la descarga de las baterías, juró que aquello era la señal de una nave madre que se acercaba hacia nosotras. En realidad una clásica tormenta de verano se acercaba a la orilla y yo me moría de frío. Por lo cual decidí sentarme en la arena, taparme con una manta y encender el último porrito que nos quedaba.

- Espero que tus amigos extraterrestres traigan calefación. Por si las dudas no la traen, yo me quedo aquí esperando bajo la frazadita. Ustedes sigan viaje.

En ese preciso momento un rayo en el cual ví el rostro del demonio iluminó el mar y la tierra:

- ¿Puedo quedarme con vos? esta historia de las naves me está aburriendo...

La novia de Ro se metió a mi costado y aduciendo que por debajo de la frazada aumentaba su temperatura corporal se quitó primero la falda y luego la camiseta. Y yo que nunca fuí muy católica y jamás creí en los mensajes del cielo, olvidé uno de los diez mandamientos: "no desearás a la mujer de tu prójimo".

Mientras Ro se metía al mar para comunicarse con sus amigos de otro planeta, su novia y yo caímos en una diabólica trampa. Un rayo iluminó mi mano derecha entre su entrepierna abierta y como un mensaje del más allá me enseñó que la vida en la tierra suele ser más divertida que en el espacio sideral.

8 comentarios:

emma dijo...

Jaja muy bueno, me encantó...ni lenta ni perezosa no?

fabi dijo...

estara viva aun la loca de los ovnis? he pensado a veces en ella...

Victoria dijo...

emma, pues ...siempre se me dificultó negarme al pecado

fabi, sabe...! nunca más ví aquella gente

Leo dijo...

ja ja jaaaaaaa esaaaaa! ,-)

Victoria dijo...

Leo :)

ANONIMA VENECIANA dijo...

Ja.ja.ja.ja. Hiciste lo que ella estaba esperando que hicieras.......fuiste ese ovni que tanto esperò que llegara...ja.ja.ja.
Me encantò la historia
Besos
Vene

Victoria dijo...

Anonima, gracias! a veces el blog es un espacio donde guardar la memoria. Al menos para mi. Serian esas historia que me gustaria contarle a mis nietos pero como no los voy a tener hehe se la cuento a ustedes.

lala dijo...

la primer frase de giros siempre me parecio por demas esclarecedora

Existe cielo y un estado de coma
Cambia el entorno de persona en persona....

y de mano derecha ;)