domingo, 21 de febrero de 2010

de la casualidad también se nace


Mis padres montaron una gran obra de teatro sin saber escribir: me concibieron. En el accidente o en lo inesperado fuí creada como una idea, como una gran obra de arte. Fueron deslumbrado por este guión que no pudieron corregir, porque ellos mismo, no habían sido preparados para el gran oficio de ser autores.
Y así, cargados con tanta belleza, con tanta palabra hecha niña en sus manos tuvieron que optar por el silencio y la distancia. No hubo de por medio explicaciones ni psicoanálisis. Ni siquiera libros de ayuda para entender cómo serían las consecuencias.

Luego me tomaron otros creyendo que mejorarían el desarrollo y el final de la historia. Pero a veces surgen imprevistos como la muerte. Esa mala mujer que entra sin pedir permiso y se lo roba todo. Y entre la muerte y la enfermedad de la tristeza, yo, - la gran obra- quedé por segunda vez abandonada.

Pasaron los años, todo tenía olor a dejarme. Los amigos, la carrera, el trabajo, la mujer y hasta el gato que se pierde en su independencia.
Pero hay un talento por vivir que se trae en la sangre. Y un deseo inmenso de ser una versión mejorada de aquella idea concebida y criada en la ignorancia.

4 comentarios:

emma dijo...

Simplemente excelente.

ANONIMA VENECIANA dijo...

Cuando lo simple de un relato se convierte en sublime.......
Gracias por compartirlo !!!!!!!
Vene

Victoria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
vico dijo...

emma, tu comentario es muy generoso.

anonima, gracias por leer y dejarme tu parecer... lo valoro mucho.

saludos,